Unas horas en Quebec y la Isla de Orleans

A la vuelta de la esquina de planear ya nuestro destino de vacaciones de este año, me vienen a la cabeza los recuerdos del año pasado y nuestro viaje a Canadá. Fue espectacular y siempre tendré en la memoria muchísimos buenos momentos y anécdotas de esas vacaciones. Habíamos hecho un viaje a Roma hacía un par de meses con los dos pequeños y fue un desastre total. No os engañaré que nos entraron todos los miedos del mundo y llegamos a plantearnos rajarnos y no ir a Canadá pero finalmente nos lanzamos, más que nada porque ya estaba todo cerrado y no podíamos echarnos atrás. Fue un gran acierto seguir adelante con la idea del viaje, y la verdad es que a pesar de nuestro miedos todo salió a la perfección.


En su momento ya escribí por aquí algunos posts de Los parques de la ciudad de Montreal, la Ruta hacia las cataratas Montmorency y Un día el Plateau, Mile End y alrrededorespero quedaron en el tintero un montón de historias más, así que hoy me lanzo con una de ellas.
En la crónica de las cataratas Montmorency os conté que cuando llegamos a Quebec llovía muchísimo así que nos fuimos directamente al hotel, salimos un rato a cenar y poco más. Al día siguiente amaneció con solazo y fue cuando fuimos a ver las cataratas. El resto de la tarde lo pasamos en la ciudad de Quebec. Una ciudad preciosa a la cual me he propuesto volver porque nos quedaron millones de cosas por ver. Solo una tarde, y además con niños es insuficiente. Con peques el ritmo debe ser más tranquilo, no puedes hacer grandes planes y tienes que pensar en sus tiempos, sus rutinas y sobre todo hay que disfrutar juntos, sin agobios y sin prisas. por eso os muestro una pincelada de Quebec, de sus calles y de los paseos que hicimos.




En una de nuestros paseos encontramos una pop up store de una marca de ropa de niños canadiense que nos encantó, se llama Electrik Kids y todo todo lo que tienes es pura locura. Nos hubiéramos llevado la tienda entera. Además tenían una zona de juegos para los enanos y pasamos allí un buen rato. Como parada técnica no estuvo nada mal 😉.




Al día siguiente, al despertarnos, pusimos rumbo a la Isla de Orleans.
Situada a tan solo 5 Km de Quebec, en el Rio Sant Lorenzo, consta de 33 km de longitud por 8 de ancho, con una única carretera que bordea toda la isla y con tan solo 7000 habitantes. 
Nosotros fuimos muy pronto por la mañana, porque queríamos aprovechar el día, comer pronto y que los peques hicieran la siesta en el trozo más farragoso en coche, de bajada hacia el parque La Maurice.
Al llegar a la isla te das cuenta enseguida que estas en un sitio donde el tiempo parece ir a otro ritmo,donde el bullicio y el estrés son palabras desconocidas y donde el  disfrute slow es lo que impera.
Empezamos nuestra pequeña ruta yendo a desayunar con los enanos a la famosa Chocolateríe de l'Ile d'Orleans que hay en Sainte Petronille.





No os la perdáis porque es de cuento y a parte de la tienda bombonería, también tiene un pequeño bar donde degustar sus magníficos chocolates calientes. Una vez cargados de energía después del subidón de azúcar, seguimos nuestra ruta bordeando el pueblo y continuamos por la zona sur de la isla. Hicimos alguna parada en algunas zonas que nos llamaron la atención, aunque yo hubiera parado a cada metro porque cada casa era más bonita que la anterior, cada granja más auténtica y cada paisaje más espectacular.


Vimos un montón de destilerías de sidra, granjas de fresas, campos de cultivos y muchos animales. Como os decía hubiera parado a cada metro pero no lo hicimos porque meter y sacar a dos bebés de sus respectivas sillitas del coche cada tres minutos no es lo suyo, y sino probar de hacerlo tres veces seguidas y se os quitarán las ganas de una cuarta. 

A la hora de comer paramos en el Restaurante Resto de la Plage,  a orillas del río, y disfrutamos de el auténtico rollo de Langosta típico de la zona. Un sitio del que, aunque bastante turístico, tengo muy buen recuerdo porque pasamos un buen rato. Además si vais pronto (nosotros fuimos a las 12, creo recordar), es justo cuando abren y no hay nadie. Después ya se llena de turistas pero tampoco nada excesivo.




Después decidimos acortar por Saint Jean y cruzar la isla justo por el centro de ésta, porque a la vuelta a Montreal, queríamos aprovechar  que los niños hiceran la siesta en el coche y pasar la tarde y el atardecer en el Parque Natural de La Maurice que se encontraba a mitad de camino entre Montreal y Quebec. pero esto os lo cuento la semana que viene. .


 Que tengáis un feliz jueves y mejor finde, que ya se huele cerquita.



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